Sí… ¡Mil veces me dijiste lo que había!
Durante siete años no tuve otro empleo,
Todo giraba en torno a ti, era el deseo
Concienzudo, casi una mala manía.
Siempre te mostraste muy distante y fría,
Mi pecado fue convertirme en Romeo,
Julieta nunca apostó por mi trofeo,
Aceite y agua, azúcar y sal, noche y día.
Tu papel fue de juez, nunca de parte,
Yo más que nunca tan endeble y tierno,
Pero no enarbolaste mi estandarte.
Mi vida ya no pasa por el infierno,
Al echarte de menos, con mucho arte,
Leo los tristes poemas de mi cuaderno.
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