Desde los once años, en un rincón de Playa,
me enseñaste a soñar, a volar sin mirar atrás.
En el Hotel Acapulco, tu mano fue mi guía,
me enseñaste a vivir, a amar la alegría.
Manolo, mi maestro, mi padre, mi amigo,
tu corazón gigante siempre ha sido mi abrigo.
Ciesquelillo, buena alma, y culé de corazón,
en cada paso tuyo, encontraba una buena razón.
Mi primera visita al Camp Nou fue de tu mano,
las tardes con el Barça, escuchando la radio.
Crecí a tu sombra, cada día de cada verano,
periódicos, crucigramas… eran tu abecedario.
Manolo, mi maestro, mi padre, mi amigo,
tu corazón gigante siempre ha sido mi abrigo.
Ciesquelillo, buena alma, y culé de corazón,
en cada paso tuyo, encontraba una buena razón.
Pícaro y listo, con un corazón sin igual,
a tu lado siempre había sabiduría sin final.
El Mondra y sus historias, su Madrid, sus rebotes,
los peluquines, sus mandiles hechos cascotes…
Manolo, mi maestro, mi padre, mi amigo,
tu corazón gigante siempre ha sido mi abrigo.
Ciesquelillo, buena alma, y culé de corazón,
en cada paso tuyo encontraba una buena razón.
Gracias por confiar, por enseñarme a vivir,
Manolo, en mi alma siempre vas a existir.
Eres más que un maestro, un hermano, un guía,
estarás siempre conmigo, con mucha alegría.
EN ANDALÚZ
Dêdde lô onçe añô, en un rincón de Playa,
me ençeñâtte a çoñâh, a bolâh çin mirâh atrâh.
En el Otêh Acapurco, tu mano fue mi gía,
me ençeñâtte a bibîh, a amâh la alegría.
Manolo, mi maêttro, mi padre, mi amigo,
tu coraçón higante çiempre a çido mi abrigo.
Çiêqqueliyo, guena arma, y culé de coraçón,
en cá paço tuyo, encontraba una guena raçón.
Mi primera biçita ar Camp Nou fue de tu mano,
lâ tardê con er Barça, êccuxando la radio.
Creçí a tu çombra, cá día de cá berano,
periódicô, cruçigramâh… eran tu abeçedario.
Manolo, mi maêttro, mi padre, mi amigo,
tu coraçón higante çiempre a çido mi abrigo.
Çiêqqueliyo, guena arma, y culé de coraçón,
en cá paço tuyo, encontraba una guena raçón.
Pícaro y lîtto, con un coraçón çin iguâh,
a tu lao çiempre abía çabiduría çin finâh.
Er Mondra y çû îttoriâ, çu Madrîh, çû rebotê,
lô peluquinê, çû mandilê exô câccotêh…
Manolo, mi maêttro, mi padre, mi amigo,
tu coraçón higante çiempre a çido mi abrigo.
Çiêqqueliyo, guena arma, y culé de coraçón,
en cá paço tuyo encontraba una guena raçón.
Graçiâ por confiâh, por ençeñarme a bibîh,
Manolo, en mi arma çiempre bâ a êççîttîh.
Erê mâh que un maêttro, un ermano, un gía,
êttarâh çiempre cômmigo, con muxa alegría.

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