¡Qué alegría ver por primera vez tus ojos!
Parpadeando como suaves golondrinas,
tu madre y yo no cabíamos en el gozo,
de día y de noche, y en horas matutinas.
Se quedó atrás el tiempo oscuro y
gris,
en nuestro hogar ya hay luz y esperanza,
ahora un futuro brillante y feliz,
el miedo a estar solos quedó en lontananza.
Y en la mañana, saltó mi viejo bigote,
la vida limpia, como los rayos del sol,
tu risa llena todo mi corazón,
y en tus ojos veo el mundo en revolución.
¡Eres un regalo, la razón de mi vida!
El amor que crece en ella cosida,
con cada latido, con cada
despertar,
eres mi vida, mi única verdad.
Al oírte llorar por primera vez, suspiré,
el viaje largo, la espera, todo quedó atrás,
tu llegada, la alegría que no se puede esconder,
ahora sé que todo valió la pena, sin más.
Meses sin luz, mirando al cielo,
tu nacimiento eclipsó toda oscuridad,
regordete, con un poco de pelo,
la felicidad en tu sonrisa sin edad.
Y en la mañana, saltó mi viejo bigote,
la vida limpia, como los rayos del sol,
tu risa llena todo mi corazón,
y en tus ojos veo el mundo en ebullición.
¡Eres el regalo, la razón de mi canción!
El amor que crece sin condición,
con cada latido, con cada despertar,
eres mi vida, mi verdad.
Dientes y fiebre, momentos de lucha,
tu madre llorando con fiereza,
pero tú, pequeño, con tu voz que se escucha,
ya empiezas a decir tu fortaleza.
Y aunque no te guste leer ni cepillar,
verte dormir es mi mayor paz,
tu pelo dorado, hoyuelos sin igual,
eres mi todo, mi eterna libertad.
¡Eres el regalo, la razón de mi canción!
El amor que crece sin condición,
con cada latido, con cada despertar,
eres mi vida, mi verdad.

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